Como toda mujer, o mejor dicho como la mayoría, desde siempre existió en mi el espíritu maternal, siempre me imaginé que algún día me convertiría en mamá, uno de los sueños más deseados era el hecho de saber que dentro de mi había una vida que se estaba gestando, verme la barriga creciendo, usar mi ropita de maternidad.. Cosas que normalmente a muchas mujeres no les gusta porque se sienten gordas pues el cuerpo va cambiando para permitir que una nueva vida se desarrolle dentro tuyo.
El sueño de ser mamá no se me cumplió tan pronto como lo pensé, digo, siempre tuve claras mis metas y todo quería que fuera en su debido orden, primero terminar la carrera, tener un buen trabajo, en algún momento casarme y luego de 1 año más o menos convertirme en mamá.
Bueno para no hacer largas las cosas, conocí a mi esposo, luego de dos años nos casamos y me mudé a Panamá. Luego de 3 años de casados, sintiéndonos estables decidimos que era buen momento para buscar un bebé. Debido a que yo padezco del síndrome de ovarios poliquisticos nos tuvimos que someter a diversos tratamientos con el fin de lograr quedar embarazados, esperando con ansiedad e ilusión de mes en mes la dulce noticia de que seríamos papás.
Luego de un año, cuando ya me estaba sintiendo desilusionada por tardar tanto en poder quedar embarazada, finalmente la hermosa noticia llegó, esperabamos un bebé (presuntamente).
Para nuestra sorpresa el doctor nos indicó que en el ultrasonido se veían 3 bolsitas, no 1. De hecho, 1 de las bolsitas tenía una forma un poco extraña, de tal manera que nos dijo que no se sabía si esa bolsita iba a desaparecer o quedarse allí. Nos dio cita nuevamente en 2 semanas más, ese día ya no hubieron dudas, habían 3 corazoncitos latiendo en mi vientre y el doctor nos dijo: "bueno, a comprar el busito colegial".
